El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris Faith se incorporó en la cama y miró por la ventanita cubierta de hiedra. La noche estaba serena y el silencio era interrumpido sólo por la suave respiración de Una. Faith se sintió espantosamente sola en el mundo. Veía Glen St. Mary bajo los azules campos llenos de estrellas de la noche de otoño. Sobre el valle brillaba una luz en el dormitorio de las chicas de Ingleside y otra en la habitación de Walter. Se preguntó si el pobre Walter tendría otra vez dolor de muelas. Entonces suspiró, con un efímero suspiro de envidia de Nan y Di. Ellas tenían una madre y una casa estable, ellas no estaban a merced de la gente que se enfadaba sin razón alguna y los llamaba bribones. Lejos, más allá de Glen, entre campos que estaban muy tranquilos en medio del sueño, ardía otra luz. Faith sabía que era la casa donde vivía Norman Douglas. Se decía que se quedaba horas y horas leyendo de noche. Mary había dicho que si se lo pudiera convencer para que volviera a la iglesia todo se arreglaría. ¿Y por qué no? Faith miró una gran estrella baja que pendía sobre el alto y esbelto abeto del portón de la iglesia metodista y tuvo una inspiración. Sabía que había que hacer algo y ella, Faith Meredith, lo haría. Ella lo arreglaría todo. Con un suspiro de satisfacción, apartó el mundo oscuro y solitario y se acurrucó junto a Una.