El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris Él no sabÃa quién era ella y la miró con desagrado. A Norman Douglas le gustaban las niñas con espÃritu, con pasión, con alegrÃa. En aquel momento, Faith estaba muy pálida. Era del tipo de personas para quienes el color lo significa todo. Sin sus mejillas sonrosadas parecÃa dócil y muy insignificante. Se la veÃa avergonzada y temerosa, y el tirano que habÃa en el corazón de Norman Douglas se despertó.
—¿Quién diablos eres tú? ¿Y qué buscas? —preguntó con el entrecejo fruncido.
Por primera vez en su vida, Faith no supo qué decir. Nunca se habÃa imaginado que Norman Douglas fuera asÃ. Estaba paralizada de terror. Él se dio cuenta y eso empeoró las cosas.
—¿Qué te pasa? —rugió—. ¿Qué? ¿Quieres decir algo y tienes miedo de decirlo? ¿Qué te pasa? Caramba, ¡habla!, ¿no puedes hablar?
No. Faith no podÃa hablar. No le salÃan las palabras. Pero le empezaron a temblar los labios.
—Por lo que más quieras, no llores —gritó Norman—. No soporto los lloriqueos. Si tienes algo que decir, dilo y terminemos de una vez. Por lo que más quieras, ¿es tonta esta chica? No me mires asÃ, soy humano, ¡no tengo rabo! ¿Pero quién eres tú, quién eres?