El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris La voz de Norman podría haberse oído desde el puerto. La actividad en la cocina se detuvo. La señora Wilson escuchaba con las orejas y los ojos muy abiertos. Norman apoyó las manazas oscuras en las rodillas y se inclinó hacia adelante, observando el rostro pálido y compungido de Faith. Parecía pender encima de ella como un gigante maligno salido de un cuento de hadas. Ella sintió que su próximo paso sería comérsela cruda, con huesos y todo.
—Yo… yo soy… Faith Meredith —dijo, casi en un susurro.
—¿Meredith, eh? ¿Una de los críos del pastor, eh? He oído hablar de vosotros. ¡Sí, he oído hablar! ¡Montando cerdos y trabajando el Día del Señor! ¡Buena gente! ¿Qué vienes a hacer aquí, eh? ¿Qué quieres del viejo pagano, eh? Yo no le pido ningún favor a ningún pastor, y no hago ninguno. ¿Qué quieres? Vamos.
Faith deseó estar a kilómetros de distancia. Balbuceó su idea en su desnuda sencillez.
—Vine… a pedirle que… que fuera a la iglesia… y ayudara… a pagar el sueldo.
Norman la atravesó con la mirada. Entonces volvió a inclinarse hacia adelante.
—¡Niña atrevida! ¿Quién te manda, eh? ¿Quién te manda?
—Nadie —dijo la pobre Faith.