El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Eso es mentira. ¡No me mientas! ¿Quién te ha mandado venir? No fue tu padre, no tiene ni el coraje de una pulga, pero no te mandarÃa a hacer lo que él no se atreve. Supongo que fue una de esas malditas solteronas viejas de Glen. Fueron ellas, ¿verdad?
—No… vine… sola.
—¿Me tomas por tonto? —gritó Norman.
—No, yo creÃa que usted era un caballero —dijo Faith débilmente, pero sin la menor intención de ser sarcástica.
—Ocúpate de tus asuntos. No quiero oÃr ni una palabra más. Si no fueras una criatura, te enseñarÃa a no meterte en lo que no te importa. Cuando necesite pastores o médicos ya los mandaré buscar. Hasta entonces no tengo tratos con ellos. ¿Me entiendes? Ahora vete, cara de queso.
Faith se fue. Bajó a ciegas los escalones, pasó por el portón y comenzó a andar por el sendero. A medio camino su momento de miedo pasó y una reacción de intensa ira se apoderó de ella. Para cuando llegaba al final del sendero estaba tan furiosa como no lo habÃa estado en toda su vida. Los insultos de Norman Douglas le ardÃan en el alma, alimentando un fuego que la abrasaba. Apretó los dientes y los puños. ¡Irse a su casa! ¡Jamás! ¡VolverÃa en ese mismo instante y le dirÃa a aquel viejo ogro lo que pensaba de él, ya le enseñarÃa, ah, cómo no! ¡Cara de queso, caramba!