El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris Sin dudar se volvió y regresó. La galería estaba vacía y la puerta de la cocina, cerrada. Faith abrió la puerta sin golpear y entró. Norman Douglas acababa de sentarse a la mesa, pero todavía tenía el periódico. Faith atravesó la habitación, inflexible, le arrancó el periódico de entre las manos, lo arrojó al suelo y lo pisoteó. Luego lo miró a la cara con los ojos relampagueantes y las mejillas encendidas. La suya era una furia juvenil tan hermosa que Norman Douglas casi no la reconoció.
—¿A qué has vuelto? —gruñó él, más con asombro que con enojo.
Muy resuelta, ella devolvió una mirada llena de ira a esos ojos airados cuya mirada tan pocos podían sostener.