El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Ni pensarlo. —Los ojos de Faith relampagueaban con más apasionamiento. Pensó que se burlaba de ella, que la trataba con desdén. HabrÃa preferido otra explosión de ira, pero esa actitud la herÃa más profundamente—. No voy a sentarme en su casa. Me voy a la mÃa. Pero me alegro de haber regresado para decirle exactamente cuál es mi opinión de usted.
—Yo también, yo también —dijo riendo Norman—. Me gustas, me caes muy bien, eres una maravilla. ¡Esos colores! ¡Esos brÃos! ¿Te llamé cara de queso? Caramba, esta niña ni siquiera ha olido el queso. Siéntate. ¡Si te hubiera visto asà al principio, criatura! Asà que vas a escribir mi nombre debajo del retrato del diablo, ¿eh? Pero él es negro, niña, y yo soy rojo. ¡No va a poder ser, no va a poder ser! Y quieres que tenga el violÃn escocés, ¿eh? Dios te proteja, niña, lo tuve cuando era niño. No me lo desees otra vez. Siéntate, siéntate. Vamos a hacer las paces.
—No, gracias —dijo Faith, altiva.