El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —No me gusta ese nombre, no me gusta. No tiene fuerza. Además, me hace pensar en mi tÃa Jinny. Llamó a sus tres hijas Faith, Hope y Charity[2]. Faith no creÃa en nada; Hope era una pesimista nata y Charity era una avara. Tú tendrÃas que llamarte Rosa Roja, pareces una rosa roja cuando te enfureces. Te llamaré Rosa Roja. Asà que me has engatusado, haciéndome prometer que iré a la iglesia, ¿no? Pero sólo una vez al mes, recuérdalo, sólo una vez al mes. Vamos, niña, no me harás retractarme de mi promesa. Yo antes pagaba cien al año como contribución al sueldo, e iba a la iglesia. Si prometo pagar doscientos al año, ¿puedo no ir a la iglesia? ¡Vamos!
—No, no, señor —dijo Faith, divertida—. Yo también quiero que vaya a la iglesia.
—Bien, un trato es un trato. Supongo que podré soportarlo doce veces al año. ¡Qué sensación voy a causar el primer domingo que vaya! Asà que la vieja Susan Baker dice que me iré al infierno, ¿eh? ¿Tú crees que será asÃ, eh? ¡Dime!
—Espero que no, señor —tartamudeó Faith, algo confundida.
—¿Por qué esperas que no? Vamos, ¿por qué esperas que no? Danos una razón, niña, danos una razón.
—… seria… incomodo, señor.