El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris Walter trastabilló. El dolor del golpe recorrió por un momento su sensible cuerpo. Pero luego ya no sintió dolor. Alguna cosa, algo que no había experimentado nunca antes, pareció envolverlo como un río. Se puso colorado y los ojos se le encendieron como dos ascuas. Los alumnos de la escuela de Glen St. Mary jamás supusieron que «la señorita Walter» pudiera tener ese aspecto. Se lanzó hacia adelante y sobre Dan como un tigre salvaje.
No había reglas específicas en las luchas entre los alumnos de la escuela de Glen. Era pegar como y donde se pudiera y recibir lo que viniese. Walter peleó con furia salvaje y con alegría en una lucha en la que Dan no podía mantenerse. Todo terminó muy rápido. Walter no tuvo una idea muy consciente de lo que estaba haciendo hasta que de pronto la niebla roja desapareció de sus ojos y se encontró a sí mismo arrodillado sobre el cuerpo de Dan, de cuya nariz, ¡qué horrible!, manaba sangre.
—¿Ya has tenido suficiente? —preguntó Walter entre sus dientes apretados.
Dan admitió a regañadientes que sí.
—¿Mi madre no escribe mentiras?
—No.
—¿Faith Meredith no es una cerdita?
—No.
—¿Ni una niña-gallo?