El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Dadme un trozo —pidió Mary afablemente. Nan, Di y Faith sacaron del bolsillo un par de nuditos y se los alcanzaron a Mary.
Una se quedó muy quieta. TenÃa cuatro nudos preciosos e inmensos en el bolsillo de su ajustada y gastada chaqueta, pero no iba a darle ni uno a Mary Vance. ¡Qué fuera a buscarse su propia goma! La gente con manguitos de piel de ardilla no debe esperar conseguirlo todo.
—Hace un dÃa buenÃsimo, ¿no? —dijo Mary, balanceando las piernas, tal vez para exhibir mejor sus nuevas botas forradas de tela. Una escondió los pies. TenÃa un agujero en el dedo de una de las botas y los dos cordones estaban rotos. Pero eran las mejores que tenÃa. ¡Ah, esta Mary Vance! ¿Por qué no la habrÃan dejado en el viejo granero?