El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris Los varones se alegraron de poder escapar y salieron. Una fue a ayudar a la tÃa Martha con los platos —aunque la gruñona vieja señora nunca recibÃa de buen grado su tÃmida asistencia— y Faith se dirigió al estudio, en cuyo hogar ardÃa un alegre fuego. Pensó escapar asà del odiado señor Perry, que habÃa anunciado su intención de dormir una siesta en su habitación durante la tarde. Pero apenas se habÃa instalado en un rincón, con un libro, él entró y, de pie ante el fuego, procedió a examinar el desordenado estudio con aire de reprobación.
—Los libros de tu padre parecen estar en un deplorable estado de confusión, mi querida niñita —dijo con severidad.
Faith se quedó acurrucada en la oscuridad sin decir una palabra. No pensaba hablarle a aquel… individuo.