El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —TendrÃas que tratar de ordenarlos —prosiguió el señor Perry, jugando con la hermosa cadena de su reloj y sonriendo a Faith con expresión condescendiente—. Ya estás lo suficientemente crecidita como para ocuparte de esos deberes. Mi hijita no tiene más que diez años y ya es una excelente amita de casa y una inmensa ayuda y consuelo para su madre. Es una niña muy dulce. Me gustarÃa que tuvieras el privilegio de conocerla. PodrÃa ayudarte de varias maneras. Claro que tú no has tenido el inestimable privilegio de los cuidados y la educación que da una buena madre. Una triste carencia, una muy triste carencia. Le he hablado en más de una oportunidad a tu padre al respecto, señalándole su deber con toda franqueza, pero sin ningún resultado hasta el momento. ConfÃo en que tome conciencia de su responsabilidad antes de que sea demasiado tarde. Entretanto, es tu deber y tu privilegio esforzarte por ocupar el lugar de tu santa madre. PodrÃas ejercer una gran influencia sobre tus hermanos y tu hermanita, podrÃas ser una verdadera madre para ellos. Mucho me temo que no piensas en estas cosas como deberÃas. Mi querida niña, permÃteme que te abra los ojos.