El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Creo que es porque la palabra «gallo» suena graciosa —dijo Rosemary, pensativa—. Hay algo en la palabra que suena a risa. La palabra «pollito» es diferente. No suena tan gracioso hablar de querer a un pollito.
—Adam era un pollito precioso, señorita West. Era una pelotita de oro. VenÃa corriendo a mà y comÃa de mi mano. Y cuando creció seguÃa siendo bonito, blanco como la nieve, con una hermosa cola blanca y curvada, aunque Mary Vance decÃa que era demasiado corta. ReconocÃa su nombre y siempre venÃa cuando yo lo llamaba. Y la tÃa Martha no tenÃa ningún derecho a matarlo. Era mÃo. No fue justo, ¿no, señorita West?
—No, no lo fue —asintió Rosemary con énfasis—. En absoluto. Recuerdo que cuando yo era pequeña tenÃa una gallina de mascota. Era preciosa, de un marrón dorado y moteada. Yo la quise tanto como a cualquier otra mascota que tuve. Nunca la mataron, murió de vieja. Mamá no quiso matarla nunca porque era mi mascota.
—Si mi madre viviera, tampoco habrÃa permitido que mataran a Adam —afirmó Faith—. Claro que papá tampoco lo hubiera permitido si hubiera estado en casa y se hubiera enterado. Estoy segura.
—Yo también estoy segura —dijo Rosemary. El rubor de sus mejillas se acentuó ligeramente. Le dio un poco de vergüenza, pero Faith no se dio cuenta de nada.