El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris La señora Elliott era buena amiga suya y le caÃa bien. Pero cuando ella le dijo sin más ni más que él tendrÃa que volver a casarse, sintió como si hubiera arrancado el velo que pendÃa ante un sagrado altar de su más recóndita intimidad y, desde aquel momento, le tenÃa una especie de miedo. SabÃa que en su parroquia habÃa mujeres «de edad adecuada» que estarÃan más que dispuestas a casarse con él. Ese hecho habÃa traspasado toda su abstracción en los primeros tiempos de su ministerio en Glen St. Mary. Eran mujeres buenas, de confianza, poco interesantes, una o dos bastante bonitas, las otras no tanto, y John Meredith pensaba en casarse con cualquiera de ellas tanto como en ahorcarse. PoseÃa algunos ideales que ninguna aparente necesidad le harÃa falsear. No podÃa pedirle a ninguna mujer que ocupara el lugar de Cecilia en su casa si no podÃa ofrecerle al menos parte del afecto y del tributo que le habÃa dado a su esposa adolescente. ¿Y dónde, en el limitado número de sus amistades femeninas, encontrarÃa esa mujer?