El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris Pero si algún día iba a llegar a algo concreto, tendría que ser cuando Ellen no estuviera presente. Y Ellen salía muy poco, en especial en invierno. Juraba que el fuego de su hogar era el más agradable del mundo. No le atraía mucho pasear. Le gustaba estar con gente pero en su propia casa. El señor Meredith llegó casi a la conclusión de que tendría que escribir a Rosemary lo que quería decirle, cuando un día, de pasada, Ellen anunció que la noche del sábado siguiente estaba invitada a unas bodas de plata. Había sido dama de honor de la novia en la boda. Irían sólo los invitados originales, de modo que Rosemary no estaba incluida. El señor Meredith aguzó los oídos y un brillo iluminó sus soñadores ojos oscuros. Tanto Ellen como Rosemary lo vieron; y tanto Ellen como Rosemary supieron, sorprendidas, que el señor Meredith iría colina arriba el sábado siguiente por la noche.