El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Mejor que suceda de una vez por todas, Saint George —dijo Ellen con severidad, dirigiéndose al negro gato, después que el señor Meredith se fue a su casa y Rosemary subió en silencio al piso de arriba—. Va a declarársele, Saint George, de eso estoy absolutamente segura. De modo que será mejor que tenga la ocasión de hacerlo y de averiguar que no tendrá éxito. A ella le gustarÃa aceptarlo, Saint. Eso lo sé, pero ha hecho una promesa y tiene que mantenerla. Por un lado me da un poco de pena, Saint George. No conozco ningún otro hombre a quien pudiera querer para cuñado, en el caso de que fuera conveniente tener cuñado. No tengo nada en absoluto en su contra, Saint, nada, excepto que no quiere ver y no se le puede hacer ver que el kaiser es una amenaza para la paz de Europa. Ése es su punto débil. Pero es buena compañÃa y me gusta. Una mujer puede decirle cualquier cosa a un hombre con una boca como la de John Meredith y estar segura de que no será malentendida. Un hombre asà es más valioso que los rubÃes, Saint, y mucho más escaso, George. Pero no puede casarse con Rosemary; y supongo que cuando se entere, nos dejará a las dos. Y lo extrañaremos, Saint, lo extrañaremos muchÃsimo, George. Pero… ella hizo una promesa, ¡y yo me encargaré de que la cumpla!
La cara de Ellen se habÃa vuelto casi desagradable con su amenazadora resolución. Arriba, Rosemary lloraba con la cara apoyada en la almohada.