El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Pero ¿y si no podemos estar de acuerdo sobre qué es lo correcto, o sobre cuál debe ser el castigo? Supongamos que dos de nosotros pensamos una cosa y los otros dos otra distinta. TendrÃa que haber cinco en un club como éste.
—Podemos pedirle a Jem Blythe que sea arbitro. Es el muchacho más recto de Glen St. Mary. Pero creo que vamos a poder arreglarnos solos en la mayorÃa de los casos. Tenemos que mantener esto en secreto. No digáis ni media palabra a Mary Vance. QuerrÃa entrar al club para educarnos.
—Yo creo —opinó Faith— que no tiene sentido estropear todos los dÃas con los castigos. Tengamos un dÃa dedicado a los castigos.
—Mejor elijamos el sábado, que no hay escuela —sugirió Una.
—¡Y estropear el único dÃa libre de toda la semana! —exclamó Faith—. ¡De ninguna manera! No, elijamos el viernes. Es el dÃa en que comemos pescado, y todos odiamos el pescado. Asà tendremos todas las cosas desagradables en un solo dÃa. Los otros dÃas podemos divertirnos.