El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris Recobrándose de la sorpresa, Lida se apoderó del regalo que le ofrecÃan con un brillo en los ojos opacos. Claro que se los pondrÃa, y a toda velocidad, antes de que apareciera alguien con autoridad suficiente como para reclamarlos. En un minuto se habÃa puesto las medias en las piernas flacas y habÃa deslizado los zapatos de Faith sobre sus gruesos tobillitos.
—Te quedo muy agradecida —manifestó—, pero ¿no se enfadará tu familia?
—No, y no me importa que se enfaden —declaró Faith—. ¿Piensas que soy capaz de ver a alguien muriéndose de frÃo y no ayudarlo si puedo? No serÃa correcto, en especial siendo pastor mi padre.
—¿Querrás que te los devuelva? Hace muchÃsimo frÃo en el puerto, después de que aquà arriba hace calor —dijo Lida astutamente.
—No, quédatelos, por supuesto. Ésa fue mi intención al regalártelos. Tengo otro par de zapatos y muchas medias.