El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Hay algo que yo podrÃa haberle dicho, mi querida señora, si la hubiera oÃdo —dijo Susan sombrÃamente—. Le habrÃa dicho, por ejemplo, que en mi opinión las piernas desnudas son tan decentes como los agujeros. Y le habrÃa dicho, por ejemplo, que los presbiterianos no necesitan de tanta lástima ya que tienen un pastor que sabe predicar, mientras que los metodistas no. HabrÃa hecho callar a la esposa del diácono Hazard, mi querida señora, de eso puede estar segura.
—Yo desearÃa que el señor Meredith no predicara tan bien pero cuidara un poco más a su familia —respondió la señorita Cornelia—. Al menos podrÃa dirigir una mirada a sus hijos antes de salir para la iglesia y ver si están apropiadamente vestidos. Estoy cansada de pedir excusas por él, ¡pueden creerme!
Entretanto, el alma de Faith estaba siendo atormentada en el Valle del Arco Iris. Mary Vance estaba allà y, como siempre, con ánimo sermoneador. Le dio a entender que habÃa llenado de vergüenza, a ella y a su padre, más allá de toda redención posible, y que ella, Mary Vance, habÃa terminado sus relaciones con ella. «Todo el mundo» estaba hablando y «todo el mundo» decÃa lo mismo.
—Sencillamente siento que ya no puedo juntarme contigo —finalizó.