El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —A mà también me gusta la casa —dijo Susan—, pero no debemos depositar tanto nuestros afectos en cosas terrenales, mi querida señora. Hay incendios y hay terremotos. Debemos estar siempre preparados. Los MacAllister, del otro lado del puerto, tuvieron un incendio en la casa hace tres noches. Hay quien dice que Tom MacAllister le prendió fuego para cobrar el seguro. Puede ser cierto o puede no serlo. Yo he aconsejado al doctor que haga revisar la chimenea de inmediato. Más vale prevenir que curar. Pero ahà veo a la señora de Marshall Elliott, en el portón, con cara de perplejidad.
—Querida Ana, ¿has visto el Journal hoy?
A la señorita Cornelia le temblaba la voz, en parte por la emoción y en parte porque habÃa venido demasiado de prisa desde la tienda y estaba sin aliento.
Ana se inclinó sobre los narcisos para ocultar una sonrisa. Gilbert y ella se habÃan reÃdo un buen rato a carcajadas leyendo la primera página del Journal, pero ella sabÃa que para la querida señorita Cornelia era casi una tragedia, y no debÃa herir sus sentimientos con ninguna muestra de ligereza.
—¿No es espantoso? ¿Qué vamos a hacer? —preguntó la señorita Cornelia, desconsolada.