El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —El concierto fue idea mÃa, papá —declaró Faith, con miedo de que el señor Meredith culpara demasiado a Jerry—. Sabes que los metodistas hicieron un concierto sagrado en su iglesia hace tres domingos. A mà me pareció que serÃa divertido hacer uno, imitándolos. Claro que ellos rezaron también y nosotros omitimos esa parte porque oÃmos decir que a la gente le parecÃa horrible que rezáramos en un cementerio. Tú estuviste sentado aquà todo el tiempo —agregó—, y no nos dijiste ni una palabra.
—No reparé en lo que hacÃais. Eso no es excusa para mÃ, por supuesto. Soy más culpable que vosotros, de eso me doy cuenta. Pero ¿por qué cantasteis esa tonta canción al final?
—No lo pensamos —murmuró Jerry, sintiendo que era una excusa muy frágil, considerando que él habÃa sermoneado a Faith tan severamente en las sesiones del Club de la Buena Conducta por no pensar—. Lo sentimos, papá, lo sentimos mucho. Repréndenos con severidad, nos merecemos un buen castigo.
Pero el señor Meredith no los reprendió ni los castigó. Se sentó, reunió a sus pequeños culpables junto a él y les habló tierna y sabiamente. Los niños se sintieron llenos de culpa y vergüenza y supieron que nunca volverÃan a ser tan tontos e inconscientes.