El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris Un hombre de Glen pasó llevando una lámpara. Las misteriosas sombras dibujadas por la luz se pusieron a saltar locamente sobre el cementerio como en una danza de demonios o de brujas. Luego pasaron y volvió a caer la oscuridad. Una a una se apagaron las luces de Glen. Era una noche muy oscura, el cielo estaba nublado y soplaba un viento del este muy frío, a pesar del calendario. Allá lejos, en el horizonte, se veía el brillo de las luces de Charlottetown. El viento gemía y suspiraba entre las ramas de los viejos abetos. El alto monumento del señor Alee Davis resplandecía en su blancura a través de la oscuridad. El sauce que había a su lado tendía sus largos y retorcidos brazos como un espectro. De vez en cuando, los movimientos de las ramas creaban la sensación de que el monumento también se movía.