El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Entonces —dijo Ellen, frÃa y decidida— no me casaré con él. No voy a dejarte sola aquÃ. No se hable más de esto.
—TonterÃas, Ellen.
—No es ninguna tonterÃa. Es mi firme decisión. SerÃa absurdo que pensaras en vivir aquà sola, a un kilómetro y medio de distancia de la casa más cercana. Si tú no vienes a vivir conmigo, yo me quedo contigo. Y no discutiremos el asunto, de modo que no lo intentes.
—Dejaré la discusión en manos de Norman —decidió Rosemary.
—Yo me ocuparé de Norman. Puedo manejarlo. Jamás te habrÃa pedido que me liberaras de mi promesa, jamás, pero tuve que contarle a Norman por qué no podÃa casarme con él y dijo que él te lo pedirÃa. No vayas a suponer que eres la única persona en el mundo con respeto por sà misma. Nunca he pensado en casarme y dejarte aquà sola. Y te darás cuenta de que puedo ser tan decidida como tú.
Rosemary se volvió y entró en la casa, encogiéndose de hombros. Ellen miró a Saint George, que no habÃa parpadeado ni movido un pelo del bigote durante toda la conversación.