El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —¿Lo prometéis?
—Lo prometemos.
—Bueno, me he escapado. Yo vivÃa con la señora Wiley al otro lado del puerto. ¿Conocéis a la señora Wiley?
—No.
—Bueno, mejor para vosotros. Es una mujer terrible. ¡Ay, cómo la odio! Me mataba a trabajar y no me daba de comer, y además me pegaba casi todos los dÃas. Mirad.
Mary se subió las mangas rotas y extendió los bracitos y las manos delgadÃsimas y cuarteadas. Estaban negros de moretones. Los niños de la rectorÃa se estremecieron. Faith se puso roja de indignación. Los ojos azules de Una se llenaron de lágrimas.
—El miércoles por la noche me dio con un palo —continuó Mary con indiferencia—. Fue porque la vaca le dio una patada a un cubo lleno de leche. ¿Cómo iba a saber yo que aquella maldita vaca iba a dar una patada?
Un estremecimiento nada desagradable recorrió a los oyentes. Nunca se les ocurrirÃa utilizar palabras como aquélla, pero era emocionante oÃr a alguien utilizarlas, y, además, a una niña. Por cierto que Mary Vance era una criatura interesante.
—No me extraña que te hayas escapado —dijo Faith.