El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Yo no tengo bichos en la cabeza —exclamó Mary con tono dolido.
—Ah, no quise decir eso —protestó Faith—. El cuarto de huéspedes está inservible. Los ratones abrieron un inmenso agujero en el colchón de plumas e hicieron un nido en él. Lo descubrimos cuando la tÃa Martha puso a dormir allà al reverendo Fisher, de Charlottetown, la semana pasada. Él sà se enteró en seguida. Entonces papá tuvo que darle su cama y dormir en el diván del estudio. La tÃa Martha no ha tenido tiempo todavÃa de arreglar la cama del cuarto de huéspedes, dice, asà que nadie puede dormir allÃ, por limpia que tenga la cabeza. Y nuestra cama es tan pequeña que no puedes dormir con nosotras.
—Puedo volver al viejo granero por la noche si me dejáis una manta —aceptó Mary filosóficamente—. Anoche hacÃa un poco de frÃo pero, si no hubiera sido por eso, habrÃa dormido muy a gusto.
—¡Ay, no, no, no vas a hacer eso! —dijo Una—. Se me ocurre un plan, Faith. ¿Te acuerdas del catre que hay en la buhardilla con un colchón viejo, que dejó el último pastor? Llevemos la ropa de cama del cuarto de huéspedes y le preparamos la cama allà a Mary. No te molesta dormir en la buhardilla, ¿no, Mary? Está justo encima de nuestro dormitorio.