El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Cualquier lugar me viene bien. Caramba, si no he tenido un lugar decente donde dormir en toda mi vida. En casa de la señora Wiley dormÃa en el altillo que habÃa encima de la cocina. El techo goteaba lluvia en verano y nieve en invierno. Mi cama era un colchón de paja en el suelo. No voy a poner remilgos a la hora de dormir.
La buhardilla de la rectorÃa era un lugar largo y bajo con el techo inclinado. Allà prepararon una cama para Mary con las preciosas sábanas dobladilladas y la manta bordada que Cecilia Meredith habÃa hecho una vez con tanto orgullo para su cuarto de huéspedes y que aún sobrevivÃa a los malos lavados de la tÃa Martha. Se dieron las buenas noches y el silencio cayó sobre la rectorÃa. Una estaba quedándose dormida cuando oyó un ruido justo en el cuarto de arriba que la hizo incorporarse de inmediato.
—Escucha, Faith… Mary está llorando —susurró. Faith no respondió, dado que ya estaba dormida. Una se bajó de la cama y, vestida con su camisoncito blanco, cruzó la sala y subió la escalera. El crujiente suelo de la buhardilla dio amplio aviso de su aparición y, cuando llegó al rincón, todo era un silencioso claro de luna y el catre sólo dejaba ver un bulto en medio.
—Mary —susurró Una.
No hubo respuesta.
Una se acercó a la cama y apartó la colcha.