El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Mary, sé que estás llorando. Te he oÃdo. ¿Te sientes sola?
Mary se dejó ver de pronto, pero no dijo nada.
—Déjame meterme contigo. Tengo frÃo —dijo Una, temblando por el aire frÃo; la pequeña ventana de la buhardilla estaba abierta y de noche soplaba el áspero aliento de la costa norte.
Mary se corrió y Una se acurrucó junto a ella.
—Ahora no te sentirás sola. No tendrÃamos que haberte dejado sola aquà la primera noche.
—No me sentÃa sola —dijo Mary, sorbiendo por la nariz.
—¿Por qué llorabas entonces?
—Ah, cuando me quedé sola me puse a pensar. Pensé en que tenÃa que volver a casa de la señora Wiley y en que me va a pegar por haberme escapado y… y en que me voy a ir al infierno por mentir. Todo eso me preocupó mucho.
—Ay, Mary —se entristeció la pobre Una—. Yo no creo que Dios vaya a mandarte al infierno por decir mentiras si tú no sabÃas que estaba mal. No lo harÃa. Él es bueno. Claro que no debes mentir más ahora que ya sabes que está mal.