El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Está bien —accedió Mary—. No hará ningún daño aun cuando no haga mucho bien. Si conocieras a la señora Wiley tan bien como yo, no creerÃas que Dios tenga ganas de meterse con ella. De todas maneras, ya no voy a llorar por eso. Esto es mucho mejor que anoche, en aquel viejo granero, con los ratones corriendo de un lado para otro. Mira el faro de Cuatro Vientos. ¿No es bonito?
—Ésta es la única ventana desde donde puede verse —le informó Una—. A mà me encanta mirarlo.
—¿SÃ? A mà también. Yo lo veÃa desde el altillo de Wiley y era mi único consuelo. Cuando estaba dolorida por los golpes lo miraba y me olvidaba de dónde me dolÃa. Pensaba en los barcos que se van lejos, muy lejos, y deseaba estar en uno de ellos navegando hacia lo lejos también, lejos de todo. En las noches de invierno, cuando no estaba encendido, sà que me sentÃa sola. Dime, Una, ¿por qué sois tan buenos conmigo si no soy más que una extraña?
—Porque es lo correcto. La Biblia nos dice que seamos bondadosos con todas las personas.