El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Cállate —ordenó—. No llores por lo que te dije. Estuve mezquina como el demonio hablándote asÃ. TendrÃan que despellejarme viva… con lo buenos que habéis sido conmigo. Cállate ahora. Si sigues llorando iré caminando directamente al puerto en camisón y me ahogaré.
Esa terrible amenaza hizo que Una se tragara los sollozos. Mary le enjugó las lágrimas con la puntilla de la funda de la almohada y volvieron a acurrucarse juntas, ya restablecida la armonÃa, para mirar las sombras de las hojas de enredadera sobre la pared, hasta que se quedaron dormidas.
Y en el estudio del piso de abajo el reverendo John Meredith caminaba con expresión absorta y ojos resplandecientes, pensando en su mensaje del dÃa siguiente, sin saber que bajo su propio techo habÃa una pequeña alma desamparada, que tropezaba en la oscuridad y la ignorancia, acosada por el terror y cercada por dificultades demasiado grandes para que pudiera con ellas.