El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —En esta casa no hay lugar suficiente para mà y la vieja Martha —adujo Mary, sombrÃa—. Es muy bonito tener comida suficiente; yo me habÃa preguntado muchas veces cómo serÃa, pero soy muy especial con la cocina. Y, además, la señora Wiley aparecerá tarde o temprano. Seguro que tiene en conserva un buen látigo para mÃ. Durante el dÃa no pienso mucho en eso, pero de noche, chicas, en la buhardilla, me pongo a pensar y pensar, hasta que al final deseo que venga para terminar de una vez por todas. No sé si una buena paliza no serÃa mejor que la docena de palizas que he vivido con la imaginación desde que me escapé. ¿A vosotros os han pegado alguna vez?
—¡No, claro que no! —protestó Faith, indignada—. Papá es incapaz de hacernos eso.
—No sabéis que estáis vivas —dijo Mary con un suspiro, en parte de envidia, en parte de superioridad—. No sabéis por lo que yo he pasado. Y supongo que a los Blythe tampoco les pegaron nunca.
—No, dirÃa que no. Pero me parece que cuando eran pequeños alguna vez les dieron un azote.
—Los azotes no son nada —dijo Mary con desdén—. Si a mà me hubieran dado un azote habrÃa creÃdo que era una caricia. Bueno, no hay justicia en este mundo. A mà no me importarÃa soportar mi parte de azotes, pero, mierda, me parece que he recibido demasiados.