El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Bien —asintió la señorita Cornelia, pensativa—, yo por lo general no apruebo que un pastor se case con alguien de su congregación. Por lo general lo echa a perder. Pero en este caso no serÃa dañino, porque todo el mundo quiere a Elizabeth Kirk y nadie más desea la tarea de hacer de madrastra de esos jovencitos. Hasta las chicas Hill se resisten. Nadie las ha sorprendido tendiéndole una trampa al señor Meredith. Elizabeth serÃa una buena esposa para él si la eligiera. Pero el problema es que ella es realmente fea y el señor Meredith, Ana querida, distraÃdo y todo, tiene buen ojo para las mujeres guapas, lo cual es tÃpico de los hombres. No es tan espiritual cuando de eso se trata, puedes creerme.
—Elizabeth Kirk es muy buena persona, pero dicen que hay quienes han estado a punto de morirse congelados en el cuarto de huéspedes de su madre, mi querida señora —objetó Susan sombrÃamente—. Si yo considerara que tengo algún derecho a expresar una opinión con relación a un asunto tan solemne como el casamiento de un pastor, dirÃa que la prima de Elizabeth, Sarah, del otro lado del puerto, serÃa mejor esposa para el señor Meredith.
—Pero si Sarah Kirk es metodista —dijo la señorita Cornelia, como si Susan hubiera sugerido una mujer de la tribu de los hotentotes para nueva dueña de la rectorÃa.