Emily la de Luna Nueva
Emily la de Luna Nueva Emily guardó silencio. No podÃa decirle a la señorita Brownell lo que le pasaba, sobre todo cuando usaba ese tono.
—Cuando le hago una pregunta a una de mis alumnas, estoy acostumbrada a recibir una respuesta. ¿Por qué lloras?
Se oyó otra risita del otro lado del pasillo. Emily levantó los ojos y, dado su apuro, recurrió a una de las frases de su padre.
—Es un asunto que me concierne solamente a mà —dijo.
Una mancha roja apareció en las hundidas mejillas de la señorita Brownell. Sus ojos le relampaguearon con un fuego helado.
—Durante el recreo te quedarás dentro como castigo por tu impertinencia —dijo, pero dejó tranquila a Emily el resto del dÃa.
A Emily no le importó en lo más mÃnimo quedarse sin recreo pues, agudamente sensible como era al entorno, se dio cuenta de que, por alguna razón que no alcanzaba a comprender, la atmósfera de la escuela le era antagónica. Las miradas que le dirigÃan no eran sólo curiosas sino, además, maliciosas. No querÃa salir a jugar con aquellas niñas. No querÃa ir a la escuela de Blair Water. Pero no llorarÃa más. Se sentó muy derecha y mantuvo los ojos sobre el libro. De pronto un bisbiseo bajo y maligno llegó del otro lado del pasillo.