Emily la de Luna Nueva
Emily la de Luna Nueva Emily no habÃa querido ponerse las botas abotonadas. QuerÃa andar descalza, como hacÃa siempre en verano. Pero la tÃa Elizabeth le habÃa dicho que ninguna niña de la Luna Nueva habÃa ido jamás descalza a la escuela.
—¡Eh!, mirad que delantal tan infantil —rió otra niña de rizos castaños.
Esa vez Emily se ruborizó. Aquél era el punto vulnerable de su armadura. Encantada por su éxito en buscarle las cosquillas, la niña de los rizos volvió a intentarlo.
—¿Esa cofia es de tu abuela?
Hubo un coro de risitas.
—Ah, no, se pone cofia para no estropearse el cutis —dijo una niña mayor—. Ése es el orgullo de los Murray. Mi madre dice que los Murray están podridos de orgullo.
—Eres horrible —soltó una chica rechoncha y baja, casi tan ancha como alta—. Tienes las orejas como las de los gatos.
—No sé por qué eres tan orgullosa —dijo Ojos negros—. El techo de tu cocina ni siquiera está revocado.
—Y tu primo Jimmy es un idiota —dijo Rizos castaños.