Historias de Avonlea
Historias de Avonlea —Yo no la dejé entrar, ¡por los cielos, hombre, si ella trepó por una ventana del primer piso, a pesar de la presencia de un policÃa y un perro! ¿Qué se puede hacer con una mujer asÃ?
—No sé qué significa todo esto —dije dirigiéndome al médico e ignorando a Alexander Abraham—, pero si mi presencia aquà es tan extremadamente inconveniente a todos, pronto pueden verse librados de ella. Me voy inmediatamente.
—Lo siento mucho, mi querida Peter —dijo el doctor firmemente—, pero eso es exactamente lo que yo no puedo dejarla hacer. Esta casa está en cuarentena por viruela. Tendrá que quedarse aquà debido a la ¡Viruela!
Por primera y última vez en mi vida perdà los estribos claramente frente a un hombre. Caà furiosa sobre Alexander Abraham.
—¿Por qué no me lo dijo? —grité.
—¡DecÃrselo! —respondió mirándome—. Cuando la vi por primera vez, era muy tarde para ello. Pensé que lo mejor serÃa callarme la boca y dejarla ir en feliz ignorancia. Esto le enseñará, señora, a no tomar por asalto la casa de un hombre.