Historias de Avonlea
Historias de Avonlea Nunca vi perro más sorprendido que Mr. Riley. Con un ladrido de terror, saltó a la cocina; de allÃ, al vestÃbulo; a través del vestÃbulo, hacia la habitación; desde allÃ, a la cocina, y otra vez al vestÃbulo. Con cada circuito, la velocidad iba en aumento, hasta que apareció una lÃnea moteada con un relámpago blanco y negro encima. Nunca vi miedo tal y me eché a reÃr hasta llorar. Mr. Riley no hacÃa más que dar vueltas y vueltas, con William Adolphus aferrado a sus espaldas. Alexander Abraham enrojeció de ira.
—Mujer, espante ese gato infernal, antes de que mate a mi perro —gritó por encima de los ladridos y maullidos.
—No lo matará —le dije tranquilizadora— y, además, corre demasiado para oÃrme si lo llamo. Señor Bennett, si usted es capaz de parar a su perro le garantizo que haré entrar en razón a William Adolphus. Pero es en vano tratar de argumentar con un relámpago.
Alexander Abraham arremetió frenético contra el relámpago cuando pasó a su lado, con el resultado de que perdió el equilibrio y cayó sobre el piso con estruendo. Corrà a ayudarlo y ello sólo consiguió enfurecerlo más.
—Mujer —farfulló colérico—, quisiera que usted y su demonio de gato estuviesen en… en…