Historias de Avonlea
Historias de Avonlea Limpié la cocina y la despensa. Eran las veintidós cuando terminé y Alexander Abraham se había ido a dormir sin más palabras. Encerré a Mr. Riley en una habitación y a William Adolphus en otra, y yo también me fui a acostar. Nunca en mi vida me había sentido tan horriblemente cansada. Había sido un día duro.
Pero a la mañana siguiente me levanté fresca y preparé un magnífico desayuno que Alexander Abraham condescendió a comer. Cuando llegó el hombre con las provisiones, le grité desde la ventana que por la tarde me trajese una caja de jabón. Luego la emprendí con la sala.