Historias de Avonlea

Historias de Avonlea

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Poner esa casa en orden me llevó lo mejor de una semana, pero lo hice a conciencia. Me destaco por hacer las cosas a conciencia. Al cabo de ese tiempo, estaba limpia del sótano al techo. Alexander Abraham no hizo comentarios sobre mis operaciones, aunque gruñía alto y a menudo, haciendo cáusticos comentarios al pobre Mr. Riley, quien no tenía espíritu para contestarle después de lo pasado. A pesar de mis principios, hice concesiones a aquel hombre, porque la vacuna le había prendido y su brazo era todo dolor. Una vez que las cosas se arreglaron, me dediqué a cocinar elegantes comidas, ya que no tenía mucho que hacer. La casa estaba llena de provisiones; debo hacer justicia a Alexander Abraham al respecto. En conjunto, estaba más cómodo de lo que esperaba. Cuando mi huésped no quería hablar, lo dejaba solo, y cuando quería, yo empezaba a decir cosas tan sarcásticas como las que él acostumbraba, sólo que yo las decía sonriendo. Podía ver que me tenía un temor reverente. Pero una que otra vez olvidaba ese estado de ánimo y hablaba como un ser humano. Tuvimos una o dos conversaciones realmente interesantes. Era un hombre inteligente, aunque de ánimo muy retorcido. Una vez le dije que creía que debió haber sido un niño bueno.




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