Historias de Avonlea
Historias de Avonlea Un dÃa me sorprendió al aparecer con cuello duro y peinado a la hora de la cena. Ese dÃa tuvimos un menú de primera calidad y le preparé un budÃn que fue demasiado para un «odiamujeres». Cuando hubo devorado un par de raciones, suspiró y me dijo:
—Por cierto que usted sabe cocinar. Es una lástima que sea tan detestable en otros aspectos.
—Es conveniente serlo. Entonces la gente tiene cuidado de cómo se porta. ¿No se ha dado usted cuenta de ello?
—Yo no soy detestable —gruño resentido—. Todo lo que hago es pedirles que me dejen solo.
—Pues ésa es la cosa más detestable. Una persona que quiere que la dejen sola desafÃa a la Providencia, que ha decretado que los hombres por su propio bien no pueden andar solos. Pero alégrese, señor Bennett. La cuarentena terminará el martes y por cierto que usted quedará solo por el resto de su vida natural, por lo menos en lo que se refiere a mà y a William Adolphus. Entonces podrá usted volver a revolcarse en el lodo y a estar tan sucio y cómodo como antaño.