Historias de Avonlea

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Me di cuenta de que había descubierto lo de Prissy, porque ésta dejó de ir a las reuniones repentinamente.

Me preocupó, y aunque Thomas me pidió por todos los santos que no me metiese donde no me importaba, me sentí en la obligación de hacer algo. Stephen Clark era un buen hombre y Prissy tendría un buen hogar, y, además, los dos niños de Althea necesitaban urgentemente una madre. Además, sabía muy bien que, en lo más profundo de su corazón, Prissy deseaba casarse. Emmeline también, pero nadie quería ayudarla a ello.

El resultado de mis meditaciones fue que invité a Stephen a cenar con nosotros una noche después de la reunión. Se rumoreaba que iba a ver a Lizzie Pye en Avonlea, y decidí que era hora de moverse. Si se hubiera tratado de Jane Miranda, no sé si me hubiera preocupado; pero Lizzie Pye ni siquiera servía para madrina de los niños. Tenía demasiado mal genio y era muy mezquina.

Stephen vino. Parecía triste y preocupado y con pocas ganas de hablar. Después de cenar, hice una insinuación a Thomas.

—Vete a dormir. Quiero hablar con Stephen.


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