Rilla la de Ingleside

Rilla la de Ingleside

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Jerry había recibido un proyectil pero fue sólo un susto. Se puso bien en pocos días. Grant también está a salvo. Nan recibió carta de Jerry Meredith. «Recobré el conocimiento al amanecer —le escribió—. No sabía qué me había ocurrido pero pensé que era mi fin. Estaba completamente solo y aterrado. Había cadáveres por todos lados, tirados en el campo fangoso, gris, húmedo. Tenía muchísima sed… y pensé en David y en el agua de Belén… y en la primavera bajo los arces en el Valle del Arco Iris. Me parecía que lo tenía frente a mis ojos… y tú allí riendo del otro lado… pensé que ya todo estaba perdido para mí. Y no me importaba. Francamente, no me importaba. Lo único que sentía era un espantoso miedo infantil al ver la soledad de los hombres muertos a mi alrededor y una especie de inquietud por saber cómo había llegado yo allí. Entonces me encontraron y me llevaron en camilla; yo ya me había dado cuenta de que no tenía nada. Vuelvo a las trincheras mañana, se necesita la mayor cantidad posible de hombres».

—Ya no hay risa en este mundo —dijo Faith Meredith, que había venido a contar algo de su correspondencia—. Me acuerdo de que hace mucho yo le comenté a la señora Taylor que el mundo era un mundo de risa. Pero ya no.

—El mundo es un grito de angustia —afirmó Gertrude Oliver.


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