Rilla la de Ingleside
Rilla la de Ingleside —Hay que seguir riéndose un poquito, chicas —sugirió la señora Blythe—. Una buena risa es como una plegaria a veces… sólo a veces —agregó por lo bajo.
Durante esas tres semanas, le habÃa costado mucho reÃrse. A ella, a Ana Blythe, la de la risa espontánea y fresca. Y lo que más la lastimaba era que la risa de Rilla habÃa cambiado también… SolÃa pensar que Rilla se reÃa demasiado. ¡Qué adolescencia tan sombrÃa le habÃa tocado! Y ¡qué fuerte, qué inteligente, qué mujer era! Con qué paciencia tejÃa y cosÃa y qué bien manejaba a las inconstantes socias de la Cruz Roja Juvenil. Qué maravillosa era con Jims.
—Cuida a ese bebé con tanta destreza, que parece que hubiera criado una docena antes, mi querida señora —declaró Susan con solemnidad—. Yo no era demasiado optimista cuando aterrizó en la casa con esa enorme sopera.