Rilla la de Ingleside
Rilla la de Ingleside Ya había pasado un mes desde las noticias sobre Jem. No se había sabido nada más, a pesar de los esfuerzos. Llegaron dos o tres cartas, escritas antes del asalto a la trinchera y desde entonces sólo un silencio profundo. Ahora los alemanes estaban de nuevo en El Marne, presionando cada vez más cerca de París, y los rumores decían que venía otra ofensiva austríaca contra la línea del Piave. Rilla sacó la vista de la estrella, descorazonada. Era uno de esos momentos en que la fe y el coraje se le escapaban… esos momentos en que le parecía imposible continuar un día más. Si por lo menos tuvieran alguna noticia sobre Jem… es imposible soportar lo que no se sabe. Estar sitiado por el miedo, la duda y el suspenso es algo que se hace muy difícil de soportar para nuestro espíritu. Estaba claro que si Jem hubiera estado vivo, habría llegado alguna noticia. Tiene que estar muerto. Pero lo peor era que… nunca… nunca lo sabrían, nunca estarían completamente seguros. Y Lunes esperaría ese tren hasta morir de viejo. Lunes era sólo un pobre perrito reumático, que no sabía mucho más que ellos sobre la suerte corrida por su amo.