Rilla la de Ingleside
Rilla la de Ingleside —«Un dÃa de vientos helados y cielos sombrÃos» —recitó Rilla un domingo por la tarde, el seis de octubre, para ser exactos. HacÃa tanto frÃo que habÃan encendido el hogar de la sala y las llamas alegres hacÃan lo posible para contrarrestar la temperatura exterior—. Más parece noviembre que octubre: noviembre es un mes tan horrible.
La prima Sophia estaba presente. HabÃa perdonado a Susan otra vez. También estaba allà la señora de Martin Clow, que habÃa venido a pedir el remedio de Susan para el reumatismo, porque eso era más barato que solicitárselo al doctor.
—Lamento decir que vamos a tener un invierno duro —vaticinó la prima Sophia—. Las ratas almizcleras están construyendo grandes nidos alrededor del estanque y ésa es una señal que nunca falla. ¡Pero cómo ha crecido esa criatura! —suspiró, como si fuera una tragedia que una criatura creciera—. ¿Cuándo vuelve el padre?
—La semana que viene —dijo Rilla.
—Bueno, espero que la madrastra no lo maltrate —suspiró la prima Sophia—, pero tengo mis dudas… tengo mis dudas. En cualquier caso, va a sentir la diferencia entre el trato de esta casa y el de cualquier otro lugar. Lo malcriaste, Rilla, con esa manÃa de estar pendiente de él de esa forma.
