Valancy Stirling
Valancy Stirling La tía Isabel. Valancy contaba sus dobles barbillas. La tía Isabel era la crítica del clan. Había pasado toda su vida oprimiendo a los demás. No era Valancy la única de la familia que le tenía miedo; todos reconocían que podía resultar extremadamente mordaz.
«Me pregunto qué le ocurriría a su cara si algún día sonriera», reflexionó Valancy, sin rubor alguno.
La prima segunda Sarah Taylor, con sus grandes ojos anémicos e inexpresivos, destacaba por la variedad de sus recetas de pepinillos, y nada más. Tenía tanto pavor a cometer una indiscreción que jamás decía nada que valiera la pena escuchar. Era tan mojigata que se ruborizaba ante una simple publicidad de corsés y había vestido a su pequeña estatuilla de la Venus de Milo confiriéndole un aspecto «ciertamente delicioso».
La pequeña prima Georgiana. No era tan mala; pero sí aburrida —muy aburrida—. Diríase que acababan de almidonarla y plancharla. Siempre temerosa de dejarse llevar. Lo único que la complacía eran los funerales. Al menos, sabía a qué atenerse con un cadáver. Nada podía sucederle. Pero allí donde había vida, sentía miedo.