Valancy Stirling
Valancy Stirling —Todos somos muy propensos —continuó la señora Frederick, decidida a no perder tan buena oportunidad— a vivir en el egoÃsmo, el apego a las cosas materiales de este mundo, y el pecado.
Todas las demás mujeres se sintieron reprendidas por sus bajos ideales, y el tÃo James tuvo la convicción de que la conversación se habÃa elevado en un espÃritu de venganza.
—La suprema felicidad —dijo repentina y nÃtidamente Valancy— es poder estornudar cuando uno lo desea.
Todos la miraron fijamente. Y nadie se sintió lo bastante seguro para contestarle. ¿Trataba Valancy de ser graciosa? Era increÃble. La señora Frederick, que respiraba más tranquila a medida que la cena se desarrollaba sin ningún «brote» de Valancy, comenzó a temblar de nuevo. Pero consideró prudente no decir cosa alguna. El tÃo Benjamin no fue tan comedido, y se precipitó con premura allà donde la señora Frederick habÃa decidido retirarse.
—Doss —rio ahogadamente—, ¿cuál es la diferencia entre una jovencita y una solterona?