Valancy Stirling
Valancy Stirling —Una es feliz y despreocupada y la otra infeliz y preocupada —dijo Valancy—. Si no recuerdo mal, es al menos la enésima vez que me formula la misma adivinanza, tÃo Ben. ¿Por qué no trata de buscar nuevos acertijos si quiere que realmente lo sean? Es un error fatal tratar de resultar gracioso si nunca se consigue.
El tÃo Benjamin la miró fijamente como aturdido. Nadie se habÃa atrevido nunca a hablarle en ese tono a Benjamin Stirling, de los Stirling y Frost. ¡Y menos aún Valancy! Miró discretamente en torno a la mesa para ver lo que pensaban los demás de aquello. Todos los rostros carecÃan de expresión. La pobre señora Frederick habÃa cerrado los ojos, y sus labios se movÃan temblorosamente, como si estuviera rezando. Tal vez lo hacÃa.
La situación no tenÃa precedentes y nadie sabÃa cómo actuar. Y mientras, Valancy continuó comiendo su ensalada como si no hubiera ocurrido nada inusual.
Para no echar a perder la cena, la tÃa Alberta comenzó a relatar en detalle cómo la habÃa mordido un perro recientemente. El tÃo James, para apoyarla, preguntó dónde la habÃa mordido el perro.
—Un poco más abajo de la iglesia católica —dijo la tÃa Alberta.
En ese momento Valancy se sonrió. Nadie más lo hizo. ¿Qué era tan gracioso?