Valancy Stirling
Valancy Stirling En efecto, ¿qué podÃa hacer? No era conveniente, ni incluso posible, arrastrar a Valancy al médico usando la fuerza. Y no habÃa otra manera de convencerla, aparentemente.
Las lágrimas y las súplicas de su madre fueron en vano.
—No se preocupe, madre —dijo Valancy, sutil, pero respetuosamente—. Es poco probable que vaya a hacer algo terrible, pero quiero tener un poco de diversión.
—¡Diversión!
La señora Frederick pronunció la palabra como si Valancy acabara de decir que deseaba sufrir un «poco» de tuberculosis.
Olive, enviada por su madre para comprobar si ejercÃa alguna influencia sobre Valancy, se marchó con las mejillas encendidas y los ojos furiosos. Le dijo a su madre que no habÃa nada que hacer con Valancy. Después de que ella, Olive, le hubiera hablado como una hermana, con ternura y sabidurÃa, todo lo que Valancy habÃa alcanzado a decir, entrecerrando sus extraños ojos hasta que no fueron más que un simple trazo, fue: «Al menos yo no muestro mis encÃas cuando me rÃo».