Valancy Stirling
Valancy Stirling La señora Frederick y la prima Stickles encontraron su comportamiento indigno, pero ¿qué podían hacer ellas? Valancy se limitó a sonreír burlonamente cuando la llamaron, e hizo oídos sordos. Resulta tan fácil desafiar a alguien una vez que se empieza a hacerlo. El primer paso era el único que realmente importaba. La madre y la prima Stickles temían decir algo que provocara una escena ante Abel el Aullador que posteriormente se difundiría por todo el pueblo añadiendo sus propios comentarios y exageraciones. Hacía demasiado frío ese día —a pesar del sol de junio— para que la señora Frederick se sentara a la ventana del comedor a escuchar lo que hablaban. Se vio obligada a cerrar la ventana y Valancy y Abel el Aullador pudieron conversar tranquilos. No obstante, si la señora Frederick hubiera sospechado las consecuencias de aquella conversación, la habría impedido sin dudarlo aunque el porche nunca fuera reparado.