Valancy Stirling
Valancy Stirling Valancy se sentó en los escalones desafiando a la brisa helada de junio; era una brisa tan glacial que reafirmaba la idea de la tía Isabel de que las estaciones estaban cambiando. A Valancy no le importó coger un resfriado. Era tan agradable sentarse en el exterior, en ese mundo hermoso, frío y fragante, y sentirse libre. Llenó sus pulmones y abrió los brazos extendidos al vivificante y hermoso viento que la despeinaba, mientras escuchaba a Abel el Aullador relatando sus problemas entre golpes de martillo y viejas canciones escocesas. A Valancy le gustaba oírle. Cada golpe de martillo iba acompasado a cada nota.