Valancy Stirling
Valancy Stirling —Y yo le dije: «¿Valancy, qué quieres decir?». Y ella respondió: «Voy a atender la casa de Abel el Aullador y a ocuparme de Cissy. Me pagará treinta dólares al mes». Me pregunto cómo no me caà muerta en el acto.
—No tendrÃas que haberle permitido que se marchara, no debiste dejar que abandonara la casa —dijo el tÃo James—. DeberÃas haber echado el cerrojo a la puerta, cualquier cosa…
—Ella estaba entre la puerta y yo. Además, no imaginas hasta qué punto era determinante su actitud: firme como una roca. Es de lo más extraño, y más tratándose de ella. Siempre ha sido una muchacha buena y obediente, y ahora no podemos retenerla ni atarla. Pero le dije todo cuanto se me pasó por la cabeza para intentar que entrara en razón. Le pregunté si habÃa pensado en su reputación. Le dije muy seriamente: «Doss, cuando la reputación de una mujer se ve mancillada, no se puede hacer nada para restituirla. Tu honra se perderá para siempre si te vas a casa de Abel el Aullador a ocuparte de una mala muchacha como Sis Gay». Y ella me respondió: «No pienso que Cissy sea una mala muchacha y, por si fuera de tu interés, no me importarÃa aunque lo fuera». Esas fueron sus palabras textuales: «No me importarÃa aunque lo fuera».
—Verdaderamente ha perdido todo sentido de la decencia —explotó el tÃo Benjamin.