Valancy Stirling
Valancy Stirling Abel la hizo pasar a la cocina, donde Cissy estaba recostada en un sofá. Su respiración era rápida y unas pequeñas manchas rojas cubrían sus hundidas mejillas. Valancy no había visto a Cecily Gay desde hacía años. Había sido una criatura tan bonita, tan frágil, como a punto de florecer, con un suave cabello dorado, rasgos bien definidos —casi de cera—, y enormes y hermosos ojos azules. Valancy se sorprendió al verla tan cambiada. ¿Podía ser la dulce Cissy aquella pequeña y desdichada criatura que parecía una flor marchita y cansada? Había llorado toda la belleza de sus ojos, que se veían demasiado grandes, enormes, en su demacrado rostro. La última vez que había visto a Cecily Gay, aquellos ojos tristes y compasivos eran oscuros y límpidos estanques azules radiantes de alegría. El contraste era tan terrible que los propios ojos de Valancy se llenaron de lágrimas. Se arrodilló junto a Cissy y la rodeó con sus brazos.
—Cissy, querida, he venido para cuidar de ti y me quedaré hasta que… hasta que… todo el tiempo que desees que me quede.
—¡Oh!
Cissy rodeó con sus delgados brazos el cuello de Valancy.